Se entiende por acoso la intimidación reiterada por parte de uno o varios sujetos sobre una o varias víctimas. Los centros escolares ha sido tradicionalmente lugares propicios para este tipo de conductas, aunque la sensibilización social hacia este fenómeno ha crecido durante los últimos años, debido sobre todo a la difusión por los medios de comunicación de algunos sucesos y a la alarma social creada por la extremada violencia de algunos actos.
Basta una mirada o un escrito para que el acosador intimide al acosado, que con el paso del tiempo, ve anulada su personalidad y con poca o nula capacidad de reacción ante las vejaciones que sufre.
En muy raras ocasiones, se atreverá, además, a denunciar lo ocurrido porque siente vergüenza y, sobretodo, teme las represalias que los agresores pueden ejercer sobre él, si en algún momento los profesores constatan los hechos.
El maltrato tiene además un gran componente colectivo al ser algo conocido, en la mayoría de los casos, por otros compañeros, que generalmente guardan silencio por temor igualmente a la respuesta de los acosadores. De ahí que la situación suele pasar desapercibida para los padres, y cuando se dan cuenta el daño psicológico puede ser avanzado.
A menudo, pasan desapercibidas por el profesorado al tener lugar preferentemente en patios, servicios o a la salida del centro, si bien puede continuar en presencia del profesor en el aula.
Los expertos opinan que para luchar contra este fenómeno los profesores deben mantener una estricta observación de las relaciones que se dan entre los alumnos. Pero para ello el profesor debe contar con el apoyo de la Administración y disponer de una normativa suficiente que permita cortar de raíz este tipo conductas.
Iñaki Piñuel, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid) y experto en el asunto, advierte contra la “trivialización” y la “banazalización” de la violencia psicológica, contra la negación del problema que hacen algunas instituciones, centros, padres o profesores, y contra tópicos como el de que “son cosas de niños”, “es un caso aislado”, “hay que aprender a manejarse en la vida”, y denunciaron el error elemental que se comete al considerar que la víctima es la principal responsable de lo que ocurre.
Entre los indicadores que apuntan la existencia de violencia y acoso, este experto destaca los cambios repentinos de comportamiento, las estrategias para ausentarse del colegio, síntomas psicosomáticos como ansiedad o insomnio o la pérdida de autoestima.
Efectos y perfiles
El término “bullying” fue definido por primera vez por el profesor sueco Dan Olweus, que en 1970 dirigió un estudio pionero enfocado a las causas y características de este fenómeno que a partir de entonces fue adquiriendo conciencia pública.
Olweus insiste, sin embargo, en que para poder referirse a este término, debe darse siempre un desequilibrio de fuerzas, un abuso de poder del acosador o acosadores sobre el acosado.
Ningún escolar está libre de ello. El acoso afecta por igual a niños y a niñas, si bien en las niñas se percibe más una violencia psicológica y en los niños predomina la física, según las conclusiones del III Foro Europeo de Educación, celebrado en Barcelona en junio de 2005.
Por lo que respecta a las causas que propician este tipo de conductas, los expertos coinciden en afirmar que raramente existe una motivación objetiva y que es más bien la personalidad del acosador la que propicia este tipo de conductas.
Los agresores suelen ser personas muy centradas en sí mismas, con escasa o nula empatía hacia los demás y con una desproporcionada necesidad de aprobación y triunfo.
Olweus niega, sin embargo, que la baja autoestima “sea un rasgo característico de los acosadores como suelen apuntar los psicoterapeutas estadounidenses” y apunta que los programas que trabajan sobre este aspecto pueden “acabar creando agresores todavía mas eficaces”.
Por el contrario, los acosados, pese a no responder a ningún perfil tipo, suelen ser personas carentes de habilidad social y dotadas de un rasgo característico que les haga aparecer “diferentes” ante los acosadores.
El maltratador intimida al acosado y esta vivencia le causa miedo, tristeza, inseguridad y le mina la autoestima, hasta el punto de llegar a creer que se merece todo lo que le pasa. En muy raras ocasiones, además, se atreverá a denunciar lo ocurrido porque siente vergüenza. Y sobretodo teme las represalias que los agresores pueden ejercer sobre él, si en algún momento los profesores constatan lo que ocurre.
Según Iñaki Piñuel, los comportamientos de acoso más frecuentes que denuncian los niños son la utilización de motes, que no les dirigen la palabra, que se ríen de ellos cuando se equivocan, les acusan de decir cosas que no han hecho o dicho, burlarse de la apariencia física, les imitan para burlarse, les pegan puñetazos, collejas o patadas, y se meten con ellos hasta hacerles llorar.
Fuente: http://latino.msn.com/guias/escuela/articlepage.aspx?cp-documentid=1000510